No te montes en esa moto!
por Carlos Murillo Willians
/ Presidente
Esas fueron las palabras de mi madre cuando ya tuve
la altura para subirme en una vespa propiedad del
vecino, yo tenía como 6 años y desde
antes de esa edad solamente pensaba y deseaba domar
una de estas máquinas poderosas.
Imagino ahora que al leer esto a más de uno
se le viene a la cabeza las mismas palabras de algún
ser querido diciéndonos historias terribles
de las motos tratando de convencernos de no usarlas,
pero que enfermedad más incurable, que deseo
de potencia, la sensación de fuerza es comparable
solo con la de un cohete interestelar.
La sensación siempre es la misma, ese deseo
escuchar el relinchar del arrancador girando y el
despliegue de potencia que lo sigue al apretar un
botón no tiene comparación. Salir de
la cueva de la bestia y escuchar donde los cuellos
de los transeúntes se quiebran al tratar de
seguirnos con la vista y la boca abierta, deseando
por un instante estar en nuestros zapatos y poder
girar la muñeca hasta escuchar el corte y el
golpe de la siguiente marcha pidiendo más poder.
No importa… eso pienso cada vez que salgo a
enfrentarme con los envidiosos de 4 o más ruedas
que no soportan ver cuando nos alejamos como una exhalación
y ellos inmóviles detrás de una fila
interminable, luchamos contra el clima, contra las
calles y contra la creencia “es solo una moto”
y salimos adelante día a día.
Disfrutemos nuestras musas no abusemos de ellas y
tratémoslas como lo que son, la envidia de
todos, busquemos donde llevarlas hasta el limite sin
dudar y sin titubear y tal como los caballeros de
la edad media en sus batallas, llevemos siempre nuestra
armadura brillante y lista para protegernos..
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